Semblanza de la Abuela, por Emilio Cárdenas

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Publicado en el diario El Cronista, el 2 de diciembre de 2013

Emilio J. Cárdenas, Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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EDICIÓN IMPRESA OPINION 02.12.13 | 00:00

Sobre la muerte de la madre de la cubana Hilda Molina

por Emilio J. Cárdenas Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

La Sra. Hilda Morejón ha muerto. Cuando su hija, la neurocirujana Dra. Hilda Molina en 1994 renunciara a todo lo que la vinculaba al régimen comunista cubano, el mismo Fidel Castro dispuso su permanencia por la fuerza en Cuba, sin otorgarle el derecho a salir del país. A la manera de caprichosa condena.
Esa pena, insólitamente, incluía también a su madre. Por esto la Sra. Hilda Morejón estuvo sometida durante catorce largos años a esta inusual y dolorosa variante del cautiverio. Lejos de parte de su familia inmediata que residía en nuestro país. Seguramente por apoyar firmemente, y siempre de cerca, a su hija. Durante ese período, como es habitual, sufrió toda suerte de agresiones, a las que enfrentó con el notable estoicismo personal que, desde la dignidad, la caracterizara.
Cuando las gestiones de nuestras autoridades y de la Iglesia Católica posibilitaron finalmente su viaje a la Argentina, residió feliz en nuestro país, desde el 2008. Recién años después pudo reencontrarse aquí con su hija, de la que, además de madre ejemplar, era también compañera inseparable.
Tuve la suerte de conocerla personalmente. Pese a su avanzada edad (había nacido en enero de 1919), transmitía una alegría y una serenidad digna, realmente muy especiales. Y daba la sensación de esperar tranquila el momento ineludible de la muerte, en compañía siempre de los suyos y rodeada por el afecto de todos.
Católica fervorosa, defendió con entereza a la Iglesia Católica y sus convicciones religiosas. Sin renuncias de ningún tipo. Con posiciones siempre claras y, a la vez, profundas. Pese a su avanzada edad, relataba con meridiana precisión la tragedia política y social que, paso a paso, se apoderó de su país. Lo hacía con una llamativa mezcla de dolor pacífico y de serena resignación. Sin expresar resentimientos de ningún tipo. Pero con un permanente mensaje de alerta acerca de lo que significa para el ser humano perder, de pronto, las libertades esenciales.
En Cuba, antes del acceso del comunismo al poder, Hilda Morejón estuvo siempre dedicada al arte y al diseño, en el campo del vestir y de la moda. Por ello era ampliamente reconocida. Sus propiedades, como todas, fueron expropiadas en 1959. Desde entonces diseñó simplemente el vestuario de sus seres queridos. Pero no dio nunca descanso a su actividad creadora.
En nuestro país acompañó siempre y estuvo constantemente al lado de su hija, en sus más distintas actividades. Incluyendo la puesta en marcha de la Asociación Civil Crecer en Libertad, cuyo objetivo es la defensa de la institución familiar, de la libertad y la lucha contra la institucionalización del odio.
La recordaré con una mezcla de admiración y cariño que deriva de su dura historia personal y de su siempre calma personalidad. Pese a su fragilidad física, tenía una mente lúcida y un carácter absolutamente de hierro en lo que a convicciones religiosas y principios en defensa de las libertades esenciales se refiere. Celebro que fuera nuestra patria Argentina y la Iglesia Católica las que le permitiera morir rodeada del inmenso cariño de su familia inmediata y de todos cuantos la conocieron.