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Recomendamos la lectura del libro “Mi Verdad” (Hilda Molina, Editorial Planeta)

Contraportada

El “caso” de la doctora Hilda Molina ha adquirido, en los últimos años, una relevancia que excede el marco de las relaciones diplomáticas entre Cuba y la Argentina para instalarse como parte de una agenda internacional que incluye a Estados Unidos, el Vaticano, Italia, Venezuela, España y Canadá, entre otros estados que tomaron cartas en el asunto.
Por eso, es de vital importancia la lectura de Mi verdad. Porque es un testimonio valiente en el que, sin eludir sus errores y contradicciones, Hilda Molina relata en detalle el largo camino que la transformó en una científica internacionalmente reconocida. En el que muestra que, aun condenada al silencio y al aislamiento durante más de quince años, resiste y lucha por mantener vivos la convicción, el deseo y la esperanza de volver a ejercer la medicina para los cubanos.
En este recorrido a lo largo de más de seis décadas, es imposible dejar de advertir la constante tensión entre la adhesión al régimen y su profunda fe católica; entre el deber para con su patria y una vocación que se manifestó desde la infancia; entre la añoranza de su tierra natal y el amor incondicional a su familia. Entre la fortaleza que la transformó en “la dama de hierro” cercana al poder y la delicada femineidad que cautivó a Fidel Castro.

“Además de conmovedor, el caso de Hilda Molina es aleccionador con respecto a la tragedia que viven millones de cubanos bajo el totalitarismo. Tenemos que agradecerle a Hilda el valor con el que soportó el asedio del gobierno cubano durante muchos años y su perseverancia en la defensa del derecho a reunirse con su familia. Gracias a ellos, la historia que ahora nos cuenta pudo ver la luz.”

Mario Vargas Llosa

Algunos temas tratados en el libro

La autora, científica nacional e internacionalmente reconocida, va narrando episodios de su vida, al tiempo que recorre, como protagonista, los hechos más significativos de la llamada “Revolución Cubana”, después de haber vivido más de medio siglo al interior de ese sui géneris proceso: treinta y cinco en posiciones importantes del ámbito científico-médico y más de quince como disidente.

Analiza las características que definen el perfil del régimen castrista.

Reflexiona sobre la religiosidad de los cubanos, sobre su alejamiento de la Iglesia que la acunó desde su nacimiento; y narra su retorno a Dios de la mano de su madre.

Reflexiona sobre las dudas, los miedos y las decepciones que sufrió durante toda su vida; y analiza el daño antropológico causado al pueblo cubano por el régimen castrista.

Narra su proceso de inserción en la Comunidad Neurocientífica Internacional; y relata como, en condiciones adversas, diseñó, creó y dirigió el Centro Internacional de Restauración Neurológica con el apoyo y la asesoría de los más destacados neurocientíficos del mundo.

Relata el acercamiento de Fidel Castro a su trabajo y a su persona. Hace importantes revelaciones sobre Fidel Castro y los que detentan el poder en Cuba; y describe el perfil psicológico de Fidel Castro.

Explica y comenta los hechos que la llevaron a renunciar, dentro de Cuba, a todos sus vínculos con ese sistema; y la condena a la que fue sometida en represalia por esta decisión.

Narra la lucha que, en defensa de los derechos de los enfermos, de las familias y del pueblo de Cuba, libró durante los más de quince años en los que padeció crueles modalidades de represión al interior de su país.

Reflexiona sobre la disidencia cubana, su labor disidente; y sobre su lucha y la de su familia en pos de la reunificación familiar.

Relata, con emoción, el encuentro en Argentina con su hijo, nietos y nuera; y los días iniciales de su nueva vida en Argentina, en compañía de sus seres queridos.

Reseña por Dr. Emilio Cárdenas
Publicada en Revista Agenda Internacional. Junio 2010. Año 6. No.22

La izquierda radical se ha ensañado siempre con la valiente neurocirujana cubana Hilda Molina. Ocurre que su mezcla de coraje y sinceridad la desespera. De allí los duros ataques que, aún hoy, le dedican. Sobredimensionando su mensaje. El último fue absolutamente deplorable. Me refiero a la agresiva, violenta y agraviante interrupción del acto del lanzamiento del libro que comentamos, en la Feria del Libro 2010, de Buenos Aires. Un libro apasionante que, desde su concepción, en mayo de 1994, tardó años en escribirse. Fruto de una vida turbulenta, que ella misma describe como “signada por el infortunio” y “cuesta arriba”, recorrida penosamente a lo largo de sesenta y siete años.

Pero, sin quererlo, ese ataque cobarde promovió la obra y fortaleció la imagen de Hilda Molina y mostró, una vez más, a las claras, como los fanáticos no respetan el disenso. Ni toleran. Porque su “pensamiento único” no se lo permite. Por ello elijen eliminar la libertad y prefieren hasta vivir para siempre sin ella. De allí que la autora, al comenzar la obra, justificándose sin necesidad, señala que “he incurrido en la acción más fuertemente punible por el régimen que nos domina desde hace más de tres décadas: pensar con mi propio cerebro”

Como presagiando, o anticipando, lo que sucedería en la Feria del Libro, la autora incluyó en el cierre de su libro estas realmente proféticas palabras:

“Deseo que, en cualquier lugar del mundo donde transcurran mis últimos días, mis congéneres respeten mi dignidad, esa dignidad que Dios concede a todos sus hijos, así como yo he respetado siempre la dignidad de mis semejantes. Anhelo vivir sin el dolor de ser injustamente reprendida, humillada, agredida, despreciada, calumniada.”

No fue así. El respeto y la tolerancia que obligan a escuchar, por lo menos, no existen para la izquierda radical. Sus seguidores son totalitarios, por definición. Privilegian la violencia por sobre el diálogo. Y en su enfermiza pasión creen que eso es lo correcto.

Dura con ella misma e increíblemente detallista en las descripciones, Hilda Molina asume sus responsabilidades y pinta bien lo que supone, para un alma libre, tener que vivir en Cuba. En el peor de los totalitarismos. Con un Estado sofocante, como pocas veces en la historia. Más allá de las fantasías. Hasta incursiona en su cuestionamiento a la fe que heredara de su madre, la del catolicismo, que la llevara a apartarse de la religión que, más tarde, recuperara.

La descripción de su intensa pasión por la medicina y de su extraordinaria dedicación al trabajo y a sus ideales resulta particularmente conmovedora. Cuando se refiere a la extraña -aunque oblicua- pasión que despertara en Fidel Castro, sus palabras suenan frías, como si fueran las de alguien a quien el amor conyugal no la premiara alguna vez en la vida. Lo que es triste y duro.

No obstante, queda claro que la familia fue el vehículo que le transmitiera la enorme fuerza que proviene de sentir el cariño. Allí encontró Hilda Molina la importancia superlativa para el ser humano de las madres y el afecto profundo que generan los hijos y, más aún, la ternura que en nosotros reaparece inevitablemente cuando aparecen los nietos.

Castro, ofuscado y frustrado, descargó sobre ella su ira. Con cobardía inusual. La mantuvo, por ello, cautiva toda una vida. Por despecho, quizás. De allí pudo escapar con la ayuda argentina. Particularmente la de los medios, por la que está inmensamente agradecida. Así de efectiva suele ser la libertad de prensa, cuando existe. Entre las razones de su escape del totalitarismo aparece, reiteradamente, la figura superlativa de una nuera argentina de una enorme tenacidad, que nunca tembló ante el despotismo. En su procura de la libertad Hilda Molina había recurrido previamente a Hugo Chávez, quien le diera miserablemente la espalda y ni siquiera respondió a las súplicas de una mujer anciana.

El libro que comentamos es mucho más que una detallada auto-biografía. Es un testimonio de la desesperación que genera en las almas libres el totalitarismo. Y de la confusión que, al menos por un rato, es capaz de sembrar en las cabezas y en los corazones de los jóvenes. En las propias palabras de su autora, la obra cuenta: “Una historia absolutamente representativa del martirio y los desgarramientos familiares a que estamos sometidos los hombres y mujeres que infravivimos secuestrados física, moral y espiritualmente por los regímenes totalitarios de corte estalinista, lo mismo si creemos en esos regímenes y los servimos con fidelidad, como si decidimos enfrentarlos pacíficamente.”